El velo naranja

Eso era lo que parecía el cielo, un denso y brillante velo naranja. Aquel era el color predominante, como si se encontrara congelado en un eterno anochecer. El señor de los anillos, Saturno, se encontraba en el centro del firmamento, siempre y cuando las rotantes nubes se lo permitían. A sus pies, trozos duros de hielo del tamaño de una mano y puntas quebradas como el silex se esparcían, formando un paisaje rocoso familiar. Los valles quedaba a su espalda, excavados en la accidentada superficie que adoptaba una forma carcomida, como si fueran víctimas de una constelación de enormes insectos. A pocos pasos se encontraba un opaco lago, el objetivo de su pequeña excursión. Se acercó a pequeños saltos y sus ojos lo enfocaron mejor. El lugar que ocupaba el agua en su planeta le correspondía al metano en aquel desolado territorio. Como niebla líquida, se asentaba en las partes más bajas, creando lagos y mares de color plateado o blanco. Más lejos, a su derecha y a una segura distancia, podía ver el cono de un volcán y su particular mezcolanza de gases y magma, que se deslizaba perezosamente por su chimenea aunque no era este una criatura de corazón cálido si no más bien lo contrario, según le habían informado su compañera de expedición. Mientras comenzaba la tarea que tenía encomendada, rememoró los caprichosos motivos que habían escogido aquel terreno y no otro de los muchos mundos a descubrir. Los políticos profesionales que dirigían su país, con esa amplia visión de futuro que les caracteriza, optaron por no favorecer la instalación de sus ciudadanos en Marte, desanimándolo a ello en la medida de lo posible.
“Somos amigos del pueblo de Marte, no invasores” y de ese modo se perdió la posibilidad de establecer bases que permitieran la emigración y el avance de la ciencia. Cuando llegó la fecha tope marcada por el acuerdo, la Autoridad Transitoria de Marte invitó a irse a todos los que no estuvieran en la lista, formada por todos aquellos que poseían una colonia en el planeta rojo, aunque fuera una reducida instalación atmosférica, aniquilando las expectativas de mucha gente. Como premio de consolación se abrió el resto del sistema solar para explorar y asentarse.
Los gobiernos suben y bajan, como las mareas. El que sucedió a los pro-rojos cambió el rumbo de forma drástica. Un ambicioso programa tecnológico y aquella misión, les permitirían recuperar el tiempo perdido. No le importaba, donde aquellos hombres de coche oficial y moqueta mullida veían formas de promoción personal y de mantenerse en el poder, su formación como bioquímico, experto en ambientes hostiles, le permitía encontrar en aquel mundo anclado en tiempos remotos las moléculas precursoras de la vida. Había indicios de hidrocarburos en grandes cantidades, metano y posiblemente etano, formaldehídos y otros compuestos orgánicos sencillos. Con una atmósfera densa que los resguardara convenientemente de la letal radiación del cinturón de Van Halen y la energía que les aportaba el Sol, se daban todos los factores para que la vida surgiera de forma espontánea. Las temperaturas bajo cero, que amenazaban con atravesar la gruesa cobertura de su traje espacial, no sería un obstáculo para su desarrollo, posiblemente resultase la chispa que le hacía falta.-¿Vamos a comer? Una firme mano se posó sobre su hombro.-Vamos -le contestó – Ya tengo todo lo que me hacía falta.Subió a la parte de atrás de aquel extraño vehículo sin carrocería, en un asiento plegable justo encima de las pesadas baterías. Sostenía sobre su pecho el maletín con todas las muestras que había obtenido en su corto paseo. Su compañera geóloga se encontraba junto al conductor. Le sonreía tras el casco, la sonrisa de blanco marfil y su piel oscura delataban el origen africano de René.Le había hablado emocionada de los descubrimientos que aquella expedición tenía encomendada, crio-volcanes los llamó, aunque también era fácil relacionarlos con algo demasiado arriesgado. Se encendió el motor eléctrico y comenzó el traqueteante camino a casa. Al menos durante las próximas semanas.

1 comentarios:

Prospector dijo...

Jo, me toca machacarme a mi mismo.
-”Los valles quedaba a su espalda” Concordancia “los valles quedaban a su espalda”
-”la Autoridad Transitoria de Marte invitó a irse a todos los que no estuvieran en la lista, formada por todos aquellos que poseían una colonia en el planeta rojo,” suprimiría el segundo “todos”.
-”-¿Vamos a comer? Una firme mano se posó sobre su hombro” mejor con un guión “-¿Vamos a comer?- Una firme mano se posó sobre su hombro”. Pues esto forma parte de una serie que yo llamo “¿Donde estoy?” ¿Os atrevéis los demás a descifrar donde se encuentra?.