Quimera

Autor: Obdulio Cremosso

Despierto y estoy completamente sólo. Sin rastro alguno de persona, edificación, carretera o vida natural a la vista, para que hablar de dinosaurios. Parece la culminación de unos de mis sueños más antiguos: conseguir una soledad perfecta. No es que sea un sociópata, no detesto a la gente, simplemente anhelaba un espacio de soledad completa en el que pensar y poder desarrollar lo que de creativo tuviera dentro. Imagino que simplemente estoy durmiendo, estas cosas no ocurren así como así, pero igualmente pienso aprovechar esta situación el tiempo que dure.

Al quinto día de aislamiento comienzo a pensar que tal vez no me encuentre sumido en un profundo sueño y la sensación que tengo es ciertamente contradictoria porque si bien por un lado deseo poder disfrutar de esta situación, también deseo disfrutar de muchas otras. La percepción de la soledad cambia mucho si no es deseada. De todos modos sigo tratando de mantener un cierto espíritu constructivo y dedicarme a la introspección, pero no puedo evitar mantenerme alerta y aguzar el oído en busca del sonido del despertador.

10 días ya. Empiezo a pensar en un coma profundo como explicación razonable, y debo añadir que además de razonable es ciertamente inquietante. Lo peor es que estos diez días han sido más que suficientes para conocerme y darme cuenta de que mi falta de creatividad anterior no se debía a una desmedida necesidad de soledad, sino a una considerable falta de talento.
Si sigo mucho tiempo en esta situación creo que me volveré loco, si es que para eso no es necesaria también su buena dosis de inspiración. Creo que hoy se cumple un mes de este aislamiento sobrenatural. Lo único que puedo decir es que daría cualquier cosa por ver a un ser humano. A cualquiera.

Es curioso como se distorsiona el tiempo en los sueños, lo que me ha parecido un siglo ha sido una sola noche en realidad. Acaba de sonar ese detestable zumbido japonés con que me despierto cada mañana, y aunque en esta ocasión me he alegrado enormemente de escucharlo, el sonido sigue siendo extraordinariamente desagradable.

En fin, ya sólo me queda ducharme e irme a trabajar como cada día. Daría cualquier cosa por quedarme en casa solo y ver si escribo algo.

7 comentarios:

Belén dijo...

Un relato muy interesante. Me estaba imaginando de todo... y la última frase... creo que más de uno la pensamos todos los días. Espero que leamos más relatos tuyos. Gracias.

Javier Illán dijo...

Muy interesante la verdad. Y como dices la ultima frase refleja bien nuestro quehacer diario.

Un saludo. Paz

Velkar dijo...

Es curioso coprobar cómo la lección le ha valido de poco. Nada más terminar la pesadilla ya está deseando volver a estar solo...

Francisco Javier Illán Vivas dijo...

El miedo a la ansiada soledad.

Thiago dijo...

La soledad es un sueño muy peligroso que se puede llegar a conseguir... ¡sin soñar!

Bezos,


P.d. Una recomendación muy interesante de mi adorado Javi Illán (hijo, jaja). Siento que mi comentario no esté a la altura, jaja

AleyAngi dijo...

muy interesante el texto, la verdad esque me ha gustado.
Muchisimas gracias por pasarte por mi blog! no veas la ilusion que me ha hecho ver tu comentario!
Ya te enviare algun texto y haber si hago lo que me dices con la historia de la reina de la noche, por que ya me lo han dicho más personas y la verdad es que me apetece seguir subiendola.
Muchisimas gracias.
Un beso
Angi

Deigar dijo...

Hola...
El deseo completo de soledad a veces nos puede afectar en el mal aspecto.
Muy bueno el texto. Saludos