Un paréntesis



Es momento de hacer un kit-kat y dejar sitio para los que ya lo han conseguido. En este caso me pilla muy de cerca ya que Mª Dolores es casi vecina mía y en poco tiempo ha entrado a formar parte de mi vida: compartimos un mismo sueño, el de crear historias y ahora también un programa de radio local que, aunque no sabemos el tiempo que durará, nos ayuda a conocernos mejor y pasamos un buen rato haciendo aquello que nos gusta.
Este viernes iré a la presentación de su libro y se me ha invitado a participar por lo que estaré encantada de compartir este paso más en su carrera literaria. Espero que este sea el puente que lance definitivamente su carrera.

Quimera

Autor: Obdulio Cremosso

Despierto y estoy completamente sólo. Sin rastro alguno de persona, edificación, carretera o vida natural a la vista, para que hablar de dinosaurios. Parece la culminación de unos de mis sueños más antiguos: conseguir una soledad perfecta. No es que sea un sociópata, no detesto a la gente, simplemente anhelaba un espacio de soledad completa en el que pensar y poder desarrollar lo que de creativo tuviera dentro. Imagino que simplemente estoy durmiendo, estas cosas no ocurren así como así, pero igualmente pienso aprovechar esta situación el tiempo que dure.

Al quinto día de aislamiento comienzo a pensar que tal vez no me encuentre sumido en un profundo sueño y la sensación que tengo es ciertamente contradictoria porque si bien por un lado deseo poder disfrutar de esta situación, también deseo disfrutar de muchas otras. La percepción de la soledad cambia mucho si no es deseada. De todos modos sigo tratando de mantener un cierto espíritu constructivo y dedicarme a la introspección, pero no puedo evitar mantenerme alerta y aguzar el oído en busca del sonido del despertador.

10 días ya. Empiezo a pensar en un coma profundo como explicación razonable, y debo añadir que además de razonable es ciertamente inquietante. Lo peor es que estos diez días han sido más que suficientes para conocerme y darme cuenta de que mi falta de creatividad anterior no se debía a una desmedida necesidad de soledad, sino a una considerable falta de talento.
Si sigo mucho tiempo en esta situación creo que me volveré loco, si es que para eso no es necesaria también su buena dosis de inspiración. Creo que hoy se cumple un mes de este aislamiento sobrenatural. Lo único que puedo decir es que daría cualquier cosa por ver a un ser humano. A cualquiera.

Es curioso como se distorsiona el tiempo en los sueños, lo que me ha parecido un siglo ha sido una sola noche en realidad. Acaba de sonar ese detestable zumbido japonés con que me despierto cada mañana, y aunque en esta ocasión me he alegrado enormemente de escucharlo, el sonido sigue siendo extraordinariamente desagradable.

En fin, ya sólo me queda ducharme e irme a trabajar como cada día. Daría cualquier cosa por quedarme en casa solo y ver si escribo algo.