El último de los titiriteros

Autor: J.Javier Arnau

El último marionetista dejó la existencia tal como la había encontrado; paneles grises y rojos cercaban la idiosincrasia de su porvenir entre revueltas de metálicos acordes y fanfarrias. En un futuro inmediato, sería reemplazado por el más novedoso invento entre lo más selecto de la bohemia de la ciudad: teatros individuales, proyecciones de sus corazones. Ya no había lugar para los pequeños titiriteros, la sociedad no dejaba lugar en su seno a mentes inquietas, almas errantes, fantasías vagabundas. Todos debían bailar con los acordes que sonaran entre la eterna melodía de un planeta que los acogía como una molestia más, como una infección que acabaría pasando.

El último de los proyeccionistas abandonó sus enseres a la vera de la vida, los descendientes de los extintos acróbatas celebraron su anual reunión para dar gracias al mundo que les había permitido seguir con vida. Actores, funambulistas, tramoyistas, caricatos, histriones, dramaturgos,... todos abandonaron haciendo mutis por el foro su anterior actitud, y el teatro de los sueños comunales echó el telón, tal vez por última vez, sobre el vuelo melancólico de pequeñas esperanzas individuales. Y los títeres tomaron el control, mientras el último marionetista cortaba todos los hilos que le unían a su realidad, y envolvía su engolada voz entre algodones antes de guardarla bajo llave en la caja junto a su anterior naturaleza, vía muerta hacia ningún sitio.

Amor Nefando

Autor: Angel Vela

Ahora, estando tan próximo el advenimiento de la muerte, apenas dispongo de tiempo para condensar cuanto he de decirte. Perdona la ligereza de mi carta, pero me veo obligado por la premura a derramar sobre ella pensar y sentir como hubieran de aflorar del alma.

Pese al desconsuelo que trae consigo el adiós no debemos llorar amado mío. Conocíamos la sentencia antes de que se consumara el pecado. No permitamos que la pureza de nuestro amor sea empañada con funestas lágrimas, porque bien sabes que hasta el llanto se convirtió para nosotros en algo bendito. Un mudo testigo que adquirió el ineludible compromiso de estar presente cada vez que la pasión nos encumbraba hasta alcanzar la virtud de coexistir como un solo ser. ¡Cuantas veces me encomendé a la Memoria, y ésta, que tiende a ser generosa con los amantes, me concedía la gracia de evocar el dulce temor que la primera vez se reflejó en tu mirada! ¡Cuán tiernamente desguarecido te entregaste, apenas envuelto por un halo de candorosa timidez que hacía que tu virtud se delatara en cada gesto! ¿Recuerdas cómo, incapaces de contener tanta dicha, ungimos con lágrimas el instante en el que comulgaron las almas? ¡Cómo olvidar que nos sobrevino el renacer al intercambiar en secreto nuestros corazones! ¡Con qué sencillez nos desprendimos de la venda impuesta por la moral! ¡Cuán insondable resultó mí soledad hasta descubrir en tu mirada que compartíamos padecer! Qué innecesarias las palabras en el primer encuentro. ¿Acaso no habría de bastarme con leer la inherente verdad proclamada por tus ojos? Apenas asomarme, pude distinguir cómo sobre el manantial de tus emociones se agitaba con la trémula llama del deseo.

Aún sin que me fuese concedida la gracia de contemplar tu rostro, ya me jactaba de conocerte. Cada poema tuyo encarnó un nuevo paso por ese fructuoso puente que me aproximó a tu alma. Antes de que finalizara la lectura del primero de aquellos benditos versos, supe para mis adentros que encontraría en su artífice el bálsamo capaz de paliar una afección que lejos de privarme de vivir me impedía gozar de la alegría terrena. Alentado por la esperanza de que este camino me condujera a la plenitud me torné en un ávido lector, y tan selecto, que me negué a leer nada que no hubiera brotado de ti. ¿Cuántas fueron las noches en que te leí hasta desfallecer? Por entonces la llegada del crepúsculo dejó de representar un llamamiento al sueño, y su lugar fue ocupado por interminables vigilias, en las que campeaba con el cansancio hasta ser sometido. Has sido el único que a mis ojos ha conseguido insuflar vida a la palabra escrita, haciendo que permanezca inagotable, palpitando sobre el pergamino y consiguiendo a su vez, sin que se vea modificada, que siga alentando y conduciendo nuestras almas hacia fértiles pensamientos, enriqueciéndonos y alejando de nosotros todo deseo de mal. ¡Qué infructuoso hubiera sido tratar de desoír esa emotiva llamada! Intentar apelar por sistema a una voluntad que en realidad no ansiaba otra cosa que someterse con mansedumbre al artífice de la enternecedora obra que colmó cada uno de mis sentidos. ¿O es que la creación de un artista no representa el más claro reflejo de sí mismo?

Mientras trataba de paliar la infinita soledad de mi reclusión, evocando esa melodía de momentos que tú y yo compusimos para llenar el inconmensurable vacío que a su paso iban dejando los días, vino hasta mí el recuerdo de cómo en más de una ocasión, me hiciste saber cuán hermosa te parecía mí letra, y ello me ha instado a dejarte, en pago por mis alegrías, algo mío, que permanezca a tu lado cuando yo me haya ido. Este propósito me ha llevado a abjurar del descanso, para dedicar este aciago periodo de enclaustramiento a reproducir en el libro que a esta carta adjunto, cada uno de tus poemas, puesto que apenas me bastó leerlos para que quedaran grabados a fuego en mi alma.

Entre estos instantes viene a mi memoria el día que nos conocimos. Recuerdo que el hecho de que estuvieses frente a mí no acrecentó el amor, pero sí hubo de darme la satisfacción de ponerle rostro a la fantasía que compartía dulcemente mi lecho. Aun así tan sublime me pareciste, que hasta oírte hablar dudé de tu autenticidad. Ya entonces encarnabas la respuesta a una reiterada plegaria, y sólo al tener la certeza de ver reflejado en ti mi deseo fui capaz de creer en milagros. Es por ello que pese a saber de mi muerte, me voy con el privilegio de haber vivido con intensidad cada instante que compartí contigo.

Me apremian para que termine la carta. Pronto vendrán a llevarme.

Has de saber que no me voy solo, ni solo he de dejarte. Conmigo me llevo el amor que me has dado, y te dejo todo el que me fue posible darte. Amor que me impide que queden ahí mis requerimientos. Alentado por este arrojo que me fue impuesto por la necesidad de no dejar nada inconcluso, he conseguido reunir, en mi hora más postrera, la convicción y el valor necesario para rogarte que hagas de estas peticiones tu dogma. No permitas que el reflejo que de mí atesoras sea erosionado por el inclemente pasar del tiempo, porque no ha de quedarme otro consuelo que el de creerme imperecedero en tu memoria. Apenas habría de bastar que reservaras un pequeño lugar donde la memoria tuviera fácil acceso, para que cada recuerdo fuera visitado con asiduidad. Y la otra, que ha de matarme más que la propia muerte, y que de ninguna manera te haría si esta no estuviera próxima a tomarme de la mano, es la que me lleva a pedirte, en pos de tu felicidad, que busques el amor en otros brazos, porque una criatura como tú ha nacido para amar. Habrán de venir momentos de soledad, pero has de saber que cuando se ama, en la forma en que tú y yo nos amamos, ni tan siquiera la muerte tiene el poder de alejarnos del todo. Cuando te llegue esta carta ya me habré ido, pero no tendrás más que apelar a la memoria, y desde el lugar en el que me encuentre, ella me traerá hasta ti, para estar juntos y revivir cada instante compartido.

No te aflijas, dulcemente cargo con el peso del secreto que morirá conmigo para no perjudicarte, ya que de no ser así proclamaría con orgullo que yo amo como ningún hombre fue capaz.


Alemania, 1507 (carta escrita por un Ministro del Señor antes de morir por la sierra culpado del pecado nefando).

Esto es el fin

Autor: Velkar


Esto es el fin… El fin de la aventura, el fin del sueño… el sueño que jamás debí empezar, el sueño en que jamás debí creer.

En un tiempo repleto de falsos profetas, de cuerpos yacentes, de escaleras sin barandillas, de juguetes parlantes… decidí salir a la luz, decidí donar mis dones, envueltos en un velo de locura y desazón, pero disfrazados de poder. Y funcionó… Fui capaz de aportar vestigios de vacía esperanza, laxos apoyos de apariencia compacta, ilusiones sobresalientes que no hacían más que ocultar realidades desbordantes… Jugué a ser Dios.

Y aquí me hallo, encerrado, sin un solo rayo de luz ni de esa esperanza que un día pretendí sembrar. Como un vulgar perro abandonado, sitiado entre cubos de basura, asustado y con la gloria embadurnada de vergüenza. Si no me hubiera crecido…, si la primera vez no hubiera salido bien… Mi alma, henchida de divinidad, engrandecida por la alabanza, cegó todo un panorama de luchas febriles por la supervivencia, ennegreció el sentido vital del sufrimiento y quiso ascender al trono, a ese trono que a ninguno nos corresponde.

Quizá si la segunda vez algo hubiera fallado…, si aquella cuchilla hubiera acabado sajando su destino, si mi fuerza hubiera flaqueado, si la casualidad no hubiera tejido sus redes…

Pero el peldaño fue subido. Desde más arriba observaba un mundo cada vez más minúsculo. Y mi ser comenzó a trastocar, ahora en serio, una realidad desperdigada y desnuda, pero sujeta con hebras de ordenada absurdez. Y sin embargo, ahora, conmocionado hasta los tuétanos por este fango sombrío, voy despertando poco a poco a la esencia sentida, mas no sé si lograré agarrarla, pues voy a morir… ahora.

¿Qué es eso?... Debe ser pasto de otro sueño, pero pareció que mis oídos percibían la voz de un niño… Sí, hay algo ahí fuera. Si no pudiera apostar mi sangre a que estoy muerto, juraría que hay alguien ahí fuera… o aquí dentro… pero, ¿dentro de qué?, ¿fuera de dónde? No hay nociones ya en mi mente.

Es cada vez más fuerte… Jamás acarició mi cabeza la idea de que el diablo tuviera voz de niño… ¡Llévame contigo! ¡Sé que tengo que pagar y estoy dispuesto a hacerlo!

Varias horas han pasado… diría, si el tiempo tuviera algún sentido para mí. Mucho rato, susurros de cachorro mantienen mi inerte cerebro alerta; hasta rastros de sonidos extravagantemente familiares golpean desde lo alto…

¿Qué ocurre?... ¡No, noooooo! ¡No me ciegues! ¡No sé si quiero salir! ¡Muchacha, cierra esa compuerta, apaga esas sirenas!

Un premio para todos


Es la primera vez que le otorgan un premio al blog de Escritores en la sombra y es gracias a vosotros, a los que colaboráis en él con vuestros relatos. Gracias a todos y gracias a Aleyangi de La reina de la noche, que es quien nos lo ha concedido.

Y, como siempre, acepto las reglas del premio:

1º.-Exhibir la imagen del sello
2º.-Poner el enlace de la persona que te lo ha regalado.
3º.-Elegir 10 personas para pasárselo.
4º.- Escribirles un mensaje en su blog para que se enteren de su premio.

Como este premio es compartido, me gustaría otorgárselo a todos aquellos blogs que han colaborado con nosotros; pero no es posible, tan sólo puedo escoger a diez, y ahí va mi elección y mis motivos:

1. Tortuosos senderos de fe, la novela en blog de Angel Vela, por ser el autor que más escritos me ha enviado para publicar (y que publicaré en breve) y por haber ganado ese doble premio hace tan poquito.

2. Por si acaso: previniendo desastres de J. Javier Arnau, por haber participado con dos escritos.

3. Palabras Microbióticas de Vito Márquez, exactamente por lo mismo.

4. Diario Druida de Francisco Javier Illán Vivas, por ser el autor del relato más votado en el 2008.

5. Relatos Adimensionales de Ikabol, por ser el primer autor que me envió un relato.

6. Cómo llegar a publicar o Andanzas de una escritora en busca de editorial, de Elisabet Parés o Montse de Paz, por haber conseguido, al fin, publicar su primera novela.

7. Escritor novel - Novel lector de J.A. Velazquez Postigo, por su pasión por la escritura para que no abandone jamás.

8. La sombra de Grumm, de David Mateo, por la colaboración desinteresada de un escritor que poco le queda ya de estar en la sombra.

9. La leyenda de Leureley, de Velkar. Un gran proyecto que merece ser premiado con este premio y más.

10. Más cuento que calleja, de Pedro Escudero porque me encanta como escribe y me encanta su blog. Además es una de aquellas personas que merece ser conocida en persona.

De nuevo sólo me resta agradeceros de nuevo vuestra colaboración y espero que sigáis colaborando así como deseo que nuestros nuevos seguidores se animen a participar.

Esta noche internet va como... y no puedo contactar con Vito ni Velkar. Espero poder comunicarme con vosotos en breve para que os podáis pasar por aqui a recoger vuestro premio. Y a los que no ha llegado el premio, que sepáis que también es vuestro.