HERMANO LOBO, HERMANO HALCÓN

Autor: Carolina Márquez


La noche se avecinaba despacio al compás de la ocultación del sol amarillo y pálido, el sol del invierno, el sol que desaparecía tras las altas Montañas del Abismo que protegían el inmenso y blanco valle.
El frío atardecer y el viento furioso, la niebla que comenzaba a alzarse en el camino, suponían un gran obstáculo para el avance de la manada de Río Solitario, la poderosa familia de lobos grises que dominaban en aquel lejano territorio.
Su líder, el macho dominante, miró hacia atrás para asegurarse que todos los miembros del clan se hallaban en condiciones de continuar.

Detuvo su marcha y olfateó el viento, que dejó en su hocico un recuerdo de escarcha blanca y helada, y sus ojos rasgados, verdes color de hierba en verano, se cerraron obligados para mantener a raya los grandes copos de nieve que no cesaban de caer.
Su compañera le animó a continuar con un ligero empujón en el costado y un gruñido suave en su oído.

No muy lejos del lugar donde se hallaba la manada, un grupo de hombres semiperdidos en mitad de la gran tormenta, buscaban refugio desesperadamente a través del bosque, sin percatarse de que poco a poco, centímetro a centímetro, iban acercándose a los dominios de Mah-to-toh-pa, el Lago de los Cuatro Osos, llamado así por los nativos de la tribu Mandan, como homenaje a la imponente presencia de sus azules aguas.
Aguas que habían empezado a helarse rápidamente hacía apenas tres días...

Los hombres, ajenos al terreno peligroso al que iban aproximándose, continuaban luchando contra la ventisca, sus ojos velados por la nieve, incapaces de percibir el suelo que pisaban, abrigándose, caminaban con extrema dificultad, aferrándose a las ramas de los árboles que azotaban sus cuerpos. Sus pasos los llevaban sin remisión hacia el lago cuya fina superficie comenzaba a resquebrajarse en un punto no muy lejano.

De repente, en un suspiro, la tormenta empezó a amainar, como una señal premonitoria. El viento calmó su furia y la niebla se disipó, permitiendo contemplar un tímido sol que aún asomaba en el horizonte, tras las Montañas del Abismo. Incluso había cesado de nevar, como si la fuerza de la Naturaleza hubiera decidido otorgar un instante de tregua clamado por la Madre Tierra.
Pero los hombres continuaban en su camino equivocado...

La calma dio paso a un profundo silencio, enorme, aterrador, que se adueñó del aire frío, y del cielo surgió una sombra que sobrevoló la manada de Río Solitario, los lobos en alerta, el lomo erizado.
El enorme lobo jefe de la familia agudizó su fino oído para escuchar la llamada proveniente del cielo, un cielo iluminado parcialmente por la iniciada presencia de la luna llena.
El chillido agudo del ave rapaz precedió a su portador, el halcón guardián de las Montañas del Abismo, susurrando desde las alturas un mensaje único que sólo el lobo podía entender, incomprensible al oído humano, un mensaje de alerta y precaución.
El halcón transmitió el mensaje de la rotura de la capa de hielo en el lago, su visión desde el cielo le llevó a asociar el fenómeno con la tragedia a punto de desencadenarse para los hombres que seguían aproximándose sin temor.
El lobo miró a la manada, todos habían escuchado al ave y su mensaje y todos respondieron a la llamada con un aullido penetrante.

Sin perder un solo instante, el clan de Río Solitario se lanzó a una desenfrenada y angustiosa carrera. Las patas de los lobos se hundían sin piedad en la nieve, una vez y otra, para dar un nuevo salto que los ayudara a avanzar más rápido, con la humedad resbalando por el denso pelaje protector. De sus fauces abiertas para poder transpirar, asomaban nubes espesas de vaho blanco, lo que los hacía asemejarse a una gran locomotora a veloz carrera, sorteando las ramas más bajas de los árboles.


Se detuvieron bruscamente al alcanzar la orilla del lago, salpicando de nieve durante el momento de la frenada a los hombres asustados y atónitos que los miraban preguntándose qué estaba ocurriendo.
Los lobos cerraron filas a lo largo de la orilla, impidiendo que los hombres siguieran avanzando, gruñendo y mostrando sus largas filas de dientes y sus colmillos afilados, cada vez que intentaban dar un paso en la dirección equivocada.
Así continuaron por unos minutos, desafiándose, intentando los hombres romper la barrera animal, y los lobos manteniéndose firmes en su posición protectora, hasta que uno de aquellos humanos percibió el peligro que suponía la grieta que hasta ese instante había permanecido invisible a sus ojos.

Los hombres no daban crédito a lo que estaba sucediendo, a la experiencia que les había tocado vivir. La Naturaleza salvaje de aquellos animales, con su fiera y dura mirada, sus ancestrales enemigos, se habían aliado a ellos salvándoles la vida.
Los humanos se encogieron de hombros y uno de ellos cayó de rodillas al suelo helado, todavía asustado, y sus ojos se cruzaron con los del líder de la manada.
Un destello de entendimiento mútuo brilló en las pupilas de hombre y animal, y un mensaje de precaución llegó hasta el humano, así como uno de agradecimiento llegó hasta el lobo.

Los hombres cambiaron el rumbo y continuaron su camino hacia lejanas tierras, tierras mejores y cálidas, llenos de una inmensa comprensión hacia el mundo que les rodeaba.
Los lobos miraron al cielo e intercambiaron una mirada con el halcón, habían cumplido su misión. El halcón voló hacia las Montañas del Abismo y los lobos se encaminaron hacia el Valle de Río Solitario.
Ambas especies supieron que las cosas estaban como debían estar...






Nota de la autora: este relato está dedicado a Sidel, el Hermano Lobo, por su cumpleaños, con todo mi cariño y mi amistad. Espero que lo disfrutes leyéndolo como yo lo he hecho escribiéndolo para tí. Cumple muchos más años, que yo estaré ahí mientras me lo permita el Gran Espíritu.


El nombre para el lago Mah-to-toh-pa, es el nombre de uno de los grandes jefes de la tribu nativo americana Mandan, y realmente significa "Cuatro Osos".
Para Sidel he colgado la foto de otro Gran Jefe de la misma tribu, llamado "Poor Wolf", es decir, Lobo Pobre, que se refiere a la pobreza material, no a la espiritual.


Carolina Márquez: El Espíritu del Halcón

10 comentarios:

Carolina dijo...

Hola a tod@s los que paseáis por aquí. Este relato lo escribí en Noviembre de 2009 para celebrar el cumpleaños de Sidel, amiga y hermano Lobo, y el mío, el Halcón.
Ambas nos intercambiamos regalos, Sidel me regaló "La sabiduría del Halcón", y yo le regalé esta pequeña historia. Lo publico porque para mí es recordar su amistad y su "saber estar", siempre, desde el principio.
Besos, Sidel, hermano Lobo.

Belén dijo...

Un relato muy bonito. Ahora deberías convencer a Sidel para que nos dejara publicar algo suyo por aqui.

Carolina dijo...

Estoy en ello sister, estoy en ello...

luther blues dijo...

Maravillosa historia nos has narrado Carolina con este pacto entre lobos y hombres ,con un tercero en discordia como el halcon .
Bendigo haber descubierto este espacio para disfrutar de estos relatos .
Un abrazo y buena semana

Arena dijo...

Escalofrios me han dado leyéndola por el buen entender y agradecimiento entre las especies.Si cuando yo digo que no hace falta saber idiomas...es por estas cosas.
Un abrazo Carolina

Carolina dijo...

Querido Luther blues, nuestro agradecimiento por tus palabras y por pasear por aquí. Nosotras bendecimos tu presencia.
Abrazos y buena semana para tí también.

Arena, siempre es bueno saber idiomas (lo digo porque en mi trabajo es imprescindible), pero sí es verdad que existe un lenguaje mudo de entendimiento entre especies que ni pueden hablar entre ellas ni utilizar el lenguaje de los signos.
Un abrazo.

almalaire dijo...

Un bebé de meses también se hace entender.La comunicación siempre ha sido una cuestión básicamente de voluntad.
Estamos todos un poco "enfermos" de palabras, creo ;)

Me gusta la historia, Carolina :)

Carolina dijo...

Hola Almalaire!
tienes razón, estamos enfermos de palabras pero no las necesitamos para comunicarnos. Los Nativos Americanos idearon un sistema de comunicación basado en el lenguaje de los signos, para que las diferentes tribus pudieran entenderse, y que es la base del actual sistema de lenguaje de signos americano.
Besos.

Sir John Carrington dijo...

Un relato genial enhorabuena por el blog.

Carolina dijo...

Bienvenido, Sir John, gracias a tí y ya sabes, si te animas, puedes enviar algún relato.
Un saludo.