Una Kouta para mi amada

Autor: Carolina Márquez






Nanigoto mo
Gyoi no ma ni ma ni
Yanagi kana


"No importa como quieras el sauce"

Haiku de Kochichi, Geisha de Shimbashi, 1935







Cae la noche en el jardín del Sakura. La sombra de la mimosa cierra con su oscuridad la fuente de la Sabiduría y el Rencor. Sus aguas se aquietan a medida que se retiran sus habituales visitantes a dormir.


Las velas de la Okiya se van apagando, una tras otra, produciendo leves chisporroteos que truncan el silencio que se adueña de estancias y rincones. Tan solo una vela permanece encendida, la luz que necesita Mineko, la última Maiko, la aprendiz de geisha en el mundo de la flor y el sauce.

No tiene sueño, no desea dormir, pero sus párpados se cierran permitiendo así la evocación ensoñadora de sus pensamientos, del recuerdo cruel y absurdo de su niñez perdida, de su adolescencia robada y de la tenue melodía de una canción que apenas recuerda.

Mineko acaricia su kimono Haru, enlaza sus manos con el Obi que la abrazará mañana en un círculo eterno de sumisión. Siente la seda, la hace suya y se revuelve inquieta en el lecho pensando en el día que avanza despacio, que llega inexorable, marcando el momento en que empieza su nueva existencia, su vida como Ichikuro, la invisible, la que calla, la que aprende, la que el destino convertirá algún día en geisha.

Sus ojos se abren penosamente, el sueño parece que está llegando y un suspiro escapa de su boca húmeda, entreabierta. Su aliento se eleva y se funde con una lágrima inesperada de agridulce sabor y una poderosa tristeza se apodera de su corazón por el largo camino que deja atrás, en un intento de fuga de su condición sin rumbo, y todo ello se mezcla con el día que amanece, la esperanza que crece...

Pero es feliz, se siente feliz. Mañana dará comienzo otro mundo, la nueva morada de una mujer diferente, oculta tras una máscara de duro metal. Mañana formará parte de la gran familia Ichi-, las flores más hermosas de la historia de Gión.

El tiempo pasa, las horas avanzan, y de su mente febril y excitada por cada pensamiento nuevo, se abre paso la Kouta que escuchaba de niña en labios de su hermano. De su boca suave empiezan a brotar las palabras en un murmullo apenas audible, mientras su corazón la acompaña con una música triste pero llena de amor y deseada esperanza:

Las ramas del Sauce se doblan con el tiempo y no sé dónde estás, amada mía. El junco se hunde en las aguas del lago y no te encuentro, amada mía. El sol se pone en el silencio y tú no vuelves, amada mía. La flor del cerezo se marchita y nace el fruto y no te siento, amada mía. Adiós mi fresco sauce, mi bastón de junco. Adiós la luz de mis noches, mi pequeña flor. Adiós, amada mía.

Mineko sonríe... mañana será una flor más, una flor en el Hanamachi de Gión Kobu. Y un sauce más en el misterioso y turbador mundo del Karyûkai.

KOUTA: Canción corta
SAKURA: Cerezo en flor
OKIYA: Casa donde viven las geishas
HARU: Primavera
OBI: Cinturón del kimono
GIÓN KOBU: Distrito de Kyoto
HANAMACHI: Comunidad de geishas registrada


Haiku de Kochichi, Geisha de Shimbashi, 1935

Este relato es propiedad de su autora y está protegido.


Carolina Márquez: Karyûkai

7 comentarios:

Martikka (Marta Abelló) dijo...

Excelente. Un relato tierno como una rama de sauce...Me encantó.

Xibeliuss dijo...

Precioso. La noche de velar armas, el momento justo en que el pasado queda atrás y empieza la nueva vida para la que se ha estado preparando.
Un abrazo, Carolina

Carolina dijo...

Gracias Martikka, tu comentario sí es tierno.

Xibeliuss, es un tránsito, un paso hacia una nueva vida, de maiko a geisha, importantísimo para estas mujeres.
Un abrazo.

Arena dijo...

La delicadeza que tienes al narrar lo hace aun mas bello.
Un abrazo Carolinilla

almalaire dijo...

Me gusta mucho como está contada la historia, Carolina, la delicadeza y la suavidad...está todo él como tejido con seda. Es un relato-kimono.

Un abrazo.

Carolina dijo...

Arena, es que es un mundo muy pero que muy delicado, y eso debo transmitirlo.
Abrazos.

Almalaire, ¡me encanta tu piropo, qué bonito! "un relato-kimono", "como tejido con seda", qué delicia, gracias y besos.

Y recordaros que más relatos los encontraréis en el blog Karyûkai, pero quiero animaros a que mandéis los vuestros, que este blog es de todos!

Belén dijo...

Un relato muy bonito, como todos los de Karyukai. Al igual que Carolina, os animo a que vosotros esniéis los vuestros.