NAKAMA

Autor: Carolina Márquez




Hitomemishi
Hitoni kourako
Amasarashi
Furikuru yukino
Kinubeku omou

Desde el primer encuentro
¡tanto te amo!
La nieve cae y se derrite
Se extingue mi alma




"Estréchame fuerte entre tus brazos, bésame en los labios, prométeme que soñarás conmigo, y cuando te marches, no vuelvas la vista atrás."

Caminaron juntos sin volver a mirarse, pues las miradas no eran ya necesarias. El vínculo terrenal desaparecía quedando su unión frente al cielo como único lazo que fusionaba sus vidas.
Caminaron juntos, estrechando el espacio entre sus cuerpos a cada paso, rozándose las manos, los alientos, sintiendo en cada pliegue de su ser físico la caricia, suave, infinita y entregada del amor.

Caminaron juntos sus pasos, huellas del pasado compartido, unas veces tú, otras veces yo, para alcanzar un "nosotros", el círculo perfecto e indestructible, fortaleza inexpugnable atrapando a dos constructores de un mundo diferente.

Estamos aquí y ahora, juntos todavía, saboreando los últimos minutos, perdida la mitad, perdida el alma, el compañero de viaje, perdida la felicidad plena, abundante en frutos prohibidos, cercanos a un tiempo.

Los pasos seguían caminando juntos, las manos continuaban su eterno roce, las miradas se hallaban perdidas y ausentes, las huellas deseaban unirse en una sola.

Se detuvieron sintiendo el último instante compartido. Se miraron por última vez y promesas de un te amo por siempre y para siempre asomaron en sus ojos oscuros, rasgados en la línea lejana del horizonte, azul, oscura e indefinida en sus límites.

Él miró a la flor de su jardín, el sauce de fuerte raíz arraigado en su vida, su alma y su corazón, bajó la mirada hasta su cintura, esbelta, flexible y poderosa, cuna de vida, y la mujer, bajo su tierna mirada, extrajo de ella su naginata, la matriarca protectora del hogar y la familia.
Ella la miró largamente alzándola para vislumbrar su brillo cegador a la luz del sol, y la vió, pura y etérea, luminosa y mortalmente afilada, capaz de cortar cuerpo, pensamiento y voluntad.

Besó el filo acerado y susurró una plegaria ancestral augurándole un buen destino a su compañero, el portador de su felicidad, el que la colmó de vida y alegría, y deseó un final justo para el guardián de sus sueños, el hombre al que se unió y que en ese instante debía alejarse de su vida, abriendo el camino oscuro, tenebroso y cruel de la desolación.

Permitió a su corazón estancarse en sus intensas emociones, en aquel momento de sublime tristeza en que una decisión ajena cambió sus vidas para siempre.

"Nakama, mi fiel compañero, prolongación de mi vida y mi canción.
A tí, mi vida sincera, mis huellas en la playa, mis abrazos nocturnos y mi entero mundo espiritual, a tí dedico mis últimos pensamientos, oscuros pero coherentes.
A tí brindo el último giro fugaz de mi sable.
Por tí suspiro a los vientos que encuentres descanso en tu viaje.
Por tí mi espada dará protección a nuestro mundo.
Para que tú y yo vivamos por siempre a través de nuestra más pura esencia inmaculada, los hijos que la diosa Fortuna nos entregó.
Por tí, mi amor, muero hoy contigo para vivir en nuestro cielo juntos mañana."

Y él hizo lo que ella deseaba, la estrechó entre sus brazos acunándola en el silencio de la mañana mientras lágrimas caían de sus ojos en gotas de amor sobre sus hombros abatidos.
La miró con un sentimiento intenso de pesar y dolor, de abandono y resignación, y la besó en sus pequeños labios aún jóvenes y cálidos.
Le prometió en un susurro emocionado que soñaría con ella hasta el último minuto de su vida y, cuando llegó la hora de la partida, se separó de ella y siguió a su destino...
...Y no volvió la vista atrás.


NAKAMA : Compañero
NAGINATA : Pequeña espada (cayado) de hoja curva que las mujeres utilizaban para proteger el hogar y la familia, equivalente a la katana del samurái


Nota de la autora: este relato es un homenaje a las mujeres samurái, las esposas de los guerreros feudales. Ciertamente, utilizaban la naginata para defender su hogar y su familia, incluso iban más allá, pues su lealtad hacia sus hombres las llevaban a suicidarse para que sus esposos afrontaran el combate sin ataduras emocionales.
La mujer samurái más famosa fue Masako, viuda de Minamoto Yoritomo, que gobernó Japón con mano de hierro en el s. XIII, y fue conocida como "la Monja Shogún".

Este relato es propiedad de su autora y está protegido.

Carolina Márquez Rojas; Karyûkai.

6 comentarios:

Martikka dijo...

Gracias por este maravilloso relato y por ilustrarnos acerca de la cultura samurái, tan interesante.

¡saludos!

Carolina dijo...

Gracias a tí, Martikka, por estar siempre ahí.
Un beso.

Arena dijo...

Apasionante,un buen homenaje merecido.
Un abrazo Carolina

Carolina dijo...

Gracias, Arena, muchas gracias, abrazos para tí.

RECOMENZAR dijo...

me gusta tu blog lo encontré en mi camino volveré a seguir leyendo tu destino........
:)

Carolina dijo...

Recomenzar: gracias, bienvenida.
Palabras muy hermosas :))