TACONES CERCANOS (Resacuento IV, y Fin)


Autor: Almalaire



El diario no daba muchos detalles. Se limitaba a constatar que se cumplían dos años del asesinato de Mónica Andrade, dueña del Pub Sinaloa, a manos de uno de sus clientes habituales, un mejicano de sesenta y cuatro años con un largo historial de trastornos psiquiátricos, que había estallado en cólera al llegar al local y comprobar que la propietaria le había impuesto su propio look a todas sus camareras con el objetivo de que todas parecieran ella misma, consiguiendo un desconcertante efecto que multiplicaban los espejos.

Añadía que, dos años después, el asesino seguía en paradero desconocido, tras haberse hecho literalmente humo la misma noche del crimen. También incluía dos fotografías: una del Tomás que yo más quería, la otra del primer dueño del Café Veracruz poco antes de aparecer ahorcado en el local que ya era de otro. El periodista subrayaba especialmente el asombroso parecido, inquietante decía él, entre ambos. Yo leí con el corazón cada vez más encogido, las uñas de mi mano izquierda clavadas en la palma de la mano, los dedos de mi mano derecha acariciando con renovada ternura la fotografía desde la que me miraba con calor la personificación de la bondad y la locura, el icono perfecto del mejor Don Quijote. Sin poderme creer que nunca hubiera reparado en como se parecía al suicida del Veracruz del que yo misma había recopilado tantos datos a lo largo y lo ancho de mi terca y fascinada obsesión por la maldición del Sinaloa. Tomás, sollocé, Tomás…

-¿Qué? Preguntó conmovido, el que ya estaba clarísimo que era mucho más que el hombre de mi vida, ¿qué tienes, chula?

Estaba allí, delante de mí, tan alto, tan flaco, tan morena su piel impecable y me miraba con los ojos tristes que sin embargo sabían reírse mucho y bien. Estaba allí, delante de mí, y era él. Don Alonso Quijano, quince o veinte años antes de perder la cabeza.

En aquella larguísima noche que había durado dos años exactos, Tomás había saldado con creces la cuenta de todas las copas que bebía en el Sinaloa, que eran muchas y que Mónica me descontaba de mi sueldo. Había cumplido mi viejo deseo de darlo todo, de morir por Dios, de olvidarme de mí , de ser otra y había hecho algo todavía mucho más grande: colocarme bajo el amparo de aquella versión mejorada de si mismo; todavía joven, todavía inocente, intacto en la bondad, pero a salvo de la locura.

Volví los ojos a la foto del diario para aprenderme de memoria los rasgos que quince o veinte años mas tarde tendría mi marido y tuve la tentación de salir corriendo. Pero no lo hice. Porque me adapto bien al terreno. Porque soy una resistente. Porque antes doblada que partida. Porque esa es una de mis mejores virtudes.

Entonces me levanté y fui a mirarme otra vez al espejo del baño. La rubia seguía allí, desolada en su abandono. Y aunque sonreí y aunque le tiré un beso burlón soplado en la punta de los dedos, y aunque me pinté los labios con cuidado con la barra olvidada sobre la caja de kleenex, ella no secundó ni uno solo de mis gestos. Seguía absorta. Muda y terca en su desconcierto. Pasando una y otra vez los dedos por sus cabellos cortos. Buscando incansable, los rizos de mi antigua melena. Tanto peor para ti, le advertí divertida, porque lo primero que pienso hacer, antes incluso de teñirme el pelo, es cambiar el espejo del baño.

Recogí una camiseta tres tallas mayor que colgaba de la percha de la puerta y que uso a veces para dormir. Me gusta mucho, porque es un cartel de autopista con un indicador muy gracioso; “soy rubia, háblame despacio” y salí corriendo, canturreando el día que me quieras la rosa que engalana, a envolverme en el abrazo del hombre de mi vida que fumaba distraído en la terraza.

Cuando llegué se echó a reír, me abrazó y empezó a depositar una lluvia finísima de besos diminutos y golosos en mis parpados, en mis labios en mi cuello…Marian, me dijo mientras me besaba, que sí. Que sí qué? Pregunté yo. Que sí, que fui yo el que se comió los calamares...

Almalaire: Cuevalagua

12 comentarios:

Xibeliuss dijo...

Ay, alma: me apena que termine. Hay chicha, hay.
Un abrazo

almalaire dijo...

Gracias, Carolina, acabo de verlo y también en el face. He estado muy liada con lo de las fiestas y he tenido la casa llena de gente...estoy respirando hondo porque el martes vienen más, jejeje.

Abrazos pa´ ti Xibeliuss, ahora voy a a ver Castañuela, espero que no le pase na.

Carolina dijo...

Alma, respira.
Tenemos muchos días por delante para escribir... ;)
Un beso enorme.

La Dame Masquée dijo...

Madame, no cabe duda de que esto es lo suyo. Nos ha ofrecido usted un estupendo relato.
Ya sabe que esperamos más!

Buenas noches

Bisous

Marce dijo...

uy¡ cómo me gusta, que cortito se me ha hecho,umm¡ delicioso "microrelato". Un beso

almalaire dijo...

Besos pa´ti, Carolina.A mi me gusta eso en realidad, cocinar para mucha gente y tal...debo ser masoca.

Muchas gracias Madame. Espero no defraudarla mucho ;) Bisous.

Jajajaja, Marce,el del "micro" es un género como de ciencia-ficción para mi. Yo a lo decimonónico, soy una rolleras :D

Gracias por seguirlo, Marce. Abrazos.

Marce dijo...

Cuando utilizaba la palabra -microrelato-,por supuesto, me refería a las cuatro entregas. Y es que se me hacen tan cortos Alma,.....Abrazos

almalaire dijo...

:) Marce, Gracias.

este si que es, para mi, un mago del microrellato:El elefante funambulista
Muchos besos.

Marce dijo...

Gracias Alma, ya me he pasado por el blog que me recomiendas, y tiene muy "buena pinta". Besos

almalaire dijo...

Pues todavía tiene mejores hechos, Marce ;). Que lo disfrutes. Besos

Carzum dijo...

Uff, qué final Alma, se me han puesto los pelos como escarpias... que dicen por mi tierra. Me ha encantado guapa!!! Ando de cabeza, como tú, por lo que veo, pero poco a poco me voy poniendo al día. En breve vuelvo a Cuevalagua, a Gila y al palabrario. Abrazos ;-)

almalaire dijo...

Lo de los pelos como escarpias sería por la olla, Carzum... :D

No había visto tu comentario aquí, perdona y no te preocupes de ná que la Cueva es tu casa y cada uno a su casa va cuando quiere :)

Me alegro de que te gustase. Le tengo mucho cariño a este cuento...no veas lo bien que me lo pasé escribiéndolo. Que tiempos más buenos.

Un beso y otra vez muchas gracias, guapa.