La misma melodía (Parte I)

Autor: Jaz Saa







Caminé hacia el salón de actos, con mi carpeta entre mis brazos y la mirada perdida en cada paso que daba. Caminaba con pasos lentos y desganados a sabiendas de que aquella era mi última oportunidad para verlo, y quizás, ni siquiera esté allí. Me dirigí a un asiento que estaba vacío a esperar.
-Euge, ¿Qué pasa? Deberías estar feliz, es el último día de clases... - Dijo mi amiga, sentándose a mi lado cuando llegó allí.
-Lo estoy. -Mentí, fingiendo una sonrisa, aunque aquello no pareció suficiente para ella, ya que hizo una mueca, obligándome a hablar. -De verdad, Sofi, estoy bien.
Ella suspiró y asintió con la cabeza, en señal de aprobación. Luego, volteó para quedar mirando al frente, tal como todas las personas que llegaban para presenciar aquel acto de fin de curso.
El tiempo pasó en lo que para mí fueron tan solo minutos.
-¿Vamos?-preguntó Sofi, dándome un pequeño codazo para sacarme de mi burbuja.
El acto ya había finalizado. "¿Qué?"
-Adelante, enseguida te alcanzo. -contesté, sin alejar la vista de lo que sea que haya estado mirando.
Mi amiga me hizo caso, dejándome sola en aquel gran salón repleto de personas que hacían un gran esfuerzo por salir de ese lugar lo antes posible. Parecían casi desesperadas, era como si les faltara el aire o algo así. Cuando estuvo casi vacío, desvié mi vista del punto invisible que me había tenido cautiva, para observar el lugar en el que me hallaba sentada.
El telón de un color rojo como la sangre, estaba cerrado sobre el gran y hermoso escenario. Los grandes ventanales mostraban el pasto de color verde que se hallaba en el patio, donde miles de personas se encontraban ahora. Filas y filas de sillas, desordenadas y revueltas "decoraban" el lugar, junto con dibujos hechos por los alumnos y diversos carteles.
Luego, una voz masculina y casi perfecta se dejó oír detrás de mí, y sin necesidad de verlo, sabía que era él. Aquella voz melódica solo podía ser de una persona. Él estaba allí.
-Hola, Euge.-susurró a mis espaldas, obligándome a voltear.
Era cierto. Lo miré a los ojos, que me cautivaron en un momento, y sacaron en mí una sonrisa. Sus ojos eran justo como lo recordaba. Y es que hacía casi... dos meses que no los veía. Pero eran perfectos y los más hermosos que haya visto jamás. Tales como los había descrito miles y miles de veces en mis canciones. Y aunque sabía que no era dueña de él, no podía evitar fantasear cada noche con que lo era.
-¡Hola!- contesté con un poco más de emoción de lo que yo esperaba, por lo que aclaré la garganta. -¿Qué haces acá? Creí que no... volvería a verte...- murmuré con la angustia recorriéndome la voz.
-Sí, lo sé. Es solo que... tengo que decirte algo, y puede que te suene un poco extraño, o... inesperado de una persona como yo.
Fruncí el ceño, con la inquietud e intriga recorriendo todo mi ser. Me pregunté que era aquello tan "extraño e inesperado", y debo admitir que por un momento, tan solo una fracción de segundo, me ilusioné al pensar que era lo que yo tanto ansiaba oír.
-Claro, te escucho.- Dije con una sonrisa en el rostro.
-¿Podrías ayudarme a estudiar geografía para rendirla? Es que, sabrás ya que me la llevo y quiero darla. De verdad. ¿Me ayudas?- espetó, al tiempo que toda mi ilusión caía tan rápido como llegó a mí.
-Seguro. ¿Por qué no?- Repliqué con disolución.
Pensé para mis adentros. Era más que obvio. ¿Porqué él iba a decir exactamente lo que yo quería?
Su mundo y el mío, es como si estuviesen separados por un abismo, totalmente distanciados el uno del otro, y como si fuera poco, mucho más diferentes de lo que cualquiera pensaría.
Él, es el payaso de la clase, al que todo el mundo busca para pasar un buen rato. Indiferente a todo. A mí, inclusive.
Y yo, en cambio, a la que todo el mundo busca tan solo cuando necesitan las respuestas del examen. Somos muy diferentes, quiera o no aceptarlo.
-¿Cómo quieres hacer? ¿Nos juntamos en la biblioteca, en tu casa, en la mía?- pregunté bajando de mi nube.
-Vamos a mi casa, ¿Quieres?
-Claro, y ¿Cuándo te gustaría empezar?
-¡Ahora! Digo, si estas de acuerdo, claro...
-¿Ahora? pero, es tarde y luego debo...
-Te acompañaré yo a tu casa si no quieres volver sola...
-¿Estás seguro?
-Si, claro, no habrá problemas....
-De acuerdo, vamos.
Se levantó de la silla en la que estaba sentado y me extendió la mano para que la tome y me levante yo también. Salimos del colegio y él comenzó a caminar, adaptándose a mi paso lento.
-Es por aquí. -Dijo tomándome de la mano, para doblar junto a él en aquella esquina.
Nos introducimos en una calle oscura y tenebrosa. Era como un callejón, de esos que aparecen en las películas, oscuro, silencioso. Se me pusieron los pelos de los brazos de punta y las manos me sudaban. Tenía miedo. De eso no cabía ninguna duda. Comencé a bajar la velocidad de mi paso, observando con atención cada paso que daba.
-Euge...-Dijo Dami, obligándome a mirarlo, con los ojos vidriosos. -No tengas miedo, todo está bien.- Replicó tomándome de la mano, y adivinando o "notando" mis sentimientos.
-¿Cómo estás tan seguro?- pregunté con voz temblorosa, aunque lo cierto, era que me sentía mucho mejor ahora que lo tenía más cerca de mí. Me detuve allí por un segundo y observé nuestros dedos entrelazados.
-Confía en mí. No dejaré que te pase nada, lo prometo, ¿Si?
-Está bien.-Susurré y sin apartar mi mano de la de él, comenzamos a caminar nuevamente.
Cuando salimos de aquel pasillo aterrador, nos adentramos en un lugar más abierto tan solo iluminado por un farol de luz anaranjada. Había botes de basura y la calle por donde circulaban los autos se encontraba lejos de allí.
Unos amigos de él se acercaron a nosotros y no pude evitar preguntarme si era allí el lugar en el cual nos quedaríamos. Uno de ellos vestía con una campera enorme de color verde,unos pantalones sueltos. El que lo acompañaba tenía una remera de mangas cortas de color azul o violeta. No podía distinguir con exactitud en medio de la oscuridad. Y el que venia atrás, vestía con una camiseta blanca repleta de manchas y unos pantalones negros. Caminaban en dirección a nosotros como tambaleándose y riéndose a carcajadas de cosas que no podíamos escuchar. Hablaban entre ellos y yo me limité a observar sus ojos. Todos de manera muy similar y de un color rojo, muy extraño.
El pánico me invadió y me aferré al brazo de Damián, en un intento de reprimir todo aquello que sentía. Después de todo, eran amigos de él, no me harían nada, ¿o si?
-Tranquila...-murmuró en mi oído y me tomó de la mano aún más fuerte que antes.-No te apartes de mí.
-¿Qué?-repliqué, preguntándome qué era lo que estaba pasando.
-Haz silencio y no te apartes de mí.- ordenó de nuevo.
Cuando los tres muchachos estuvieron llegando a nosotros, se fueron separando, rodeándonos a ambos. Miré a Damián con el pánico en mis ojos y presioné su brazo contra mí.
-Miren esto... -comenzó a decir el chico de campera verde.-¿Quién es la bella muchacha?-balbuceo acercándose a mí.
-No la toques.- advirtió Damián, que me rodeó por delante con su brazo.
-Vamos amigo, comparte a la chica.- acotó el de remera blanca.
-¡Qué ni se les ocurra!-Ordenó.
El de remera azul, lo apartó de mí a Dami de un empujón lo suficientemente fuerte como para dejarlo tendido en el piso. Los otros dos, se acercaban más y más a mí, al tiempo que mi respiración se agitaba y yo intentaba retroceder para apartarme de ellos, hasta que me topé con el paredón. Uno de ellos estiro su mano hacía mí y me tomó del brazo. Mi corazón latía a mil.
-¡NO!-gritó Damian, que se levantó del piso y corrió hasta ellos.
Los separó de mí con un gran empujón y el que me agarraba, dejó en mí un gran dolor. Comenzó a golpear a uno en la cara sin parar ni por un segundo hasta quedar tirado en el piso. Luego, el otro, se acercó a él por detrás y rodeó su cuello con el brazo obligándolo a tirarse para atrás, al tiempo que el que estaba tendido en el piso, se ponía de pie.
-¡Corre!-ordenó, haciendo fuerza para poder hablar.- ¡sal de aquí!
Mis ojos se llenaron de lágrimas de impotencia y mi respiración no se calmaba. Ver como se golpeaban y no poder hacer nada me llenaba de bronca.
Quise dar un paso para atrás y hacer lo que Dami me había dicho, pero volví a toparme con aquel gran paredón. Estaba totalmente perdida, despistada. No sabía donde estaba. Miré en todas las direcciones pero fui incapaz de encontrar una salida. Me sequé una lágrima y me volví para ver a Damian, que se encontraba parado mientras que los otros tres se alejaban mirándolo con expresión furiosa.
Cuando desaparecieron de mi vista, me acerqué corriendo hacia él y tomé su cara con mis dos manos mientras tocaba con delicadeza las heridas que habían dejado aquellos chicos.
-¿Estás bien?-preguntó apoyando sus manos sobre las mías.
Cerré los ojos mientras intentaba que mi respiración se volviera de manera calmada, aunque no fue suficiente para calmar los mil sentimientos que se apoderaban de mí en ese entonces. Mi labio temblaba y aún tenía la mirada vidriosa a causa de las lágrimas.
-Tranquila...-dijo rodeándome con los brazos, al tiempo que yo ocultaba mi rostro en su pecho.- Tranquila. ¿Te hicieron daño?-preguntó.
Me separé de él por un momento para ver mi brazo. Aún sentía el dolor recorriendo mi cuerpo pero no sabía con exactitud qué era lo que tenía. Puse la palma de mi mano hacia arriba y observe mi brazo. Unas marcas extrañas y coloradas se encontraban allí y una de ellas estaba sangrando. Aparté la vista de ello y coloqué mi brazo al costado. 

Continuará....

Jaz Saa: Mi Mundo, Mis Reglas...

1 comentarios:

Carolina dijo...
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